Medio ambiente y cambio climático

Medio ambiente y cambio climático

Virus y otros microbios, ¿amigos o enemigos?

Odile Rodríguez de la Fuente
Bióloga y divulgadora ambiental

@odilerod

19 Oct 2020

Una mirada diferente a la pandemia del COVID19

La naturaleza nos ofrece, infinita en su generosidad, la sabiduría que nuestro impulsivo raciocinio necesita para templarse. La mente, esa prodigiosa herramienta recién estrenada por nuestra especie (a escala evolutiva), es como un bisturí que trata de entender y entenderse diseccionando todo lo que llega al alcance de nuestros sentidos. Pero ese bisturí necesita de una mano firme y ponderada, no del precipitado embiste que conlleva la ausencia de sabiduría.

Nuestra especie es una prolongación de la naturaleza y nuestra sabiduría reside en esos inabarcables 4000 millones de años de evolución de la vida sobre la Tierra. El equilibrio, la interdependencia, la diversidad, la unidad y complejidad del sistema vivo de la Tierra, encierra toda la sabiduría de la que tanto adolecemos. Somos tendentes al reduccionismo, a simplificar y encasillar, a juzgar, sin matices, lo que es bueno o malo. Así, la postura simplona de percibir a los depredadores como malos, contrarios a nuestros intereses cinegéticos y ganaderos, demostró ser, en todos los países en los que se trató de eliminarlos, un craso error de cálculo. No sólo se vieron afectadas las poblaciones de herbívoros en las que proliferaron las enfermedades y plagas, sino que el propio ecosistema sufrió el impacto que el exceso de herbívoros suponía para las plantas. Las ramificaciones en cascada llegaron a afectar, de forma negativa, a especies y hábitats sin aparente vínculo con los demonizados depredadores.

Hoy día tenemos un nuevo demonio. Un virus bautizado con letras y números que le confieren un halo aún más alienígena y desnaturalizado. De hecho, podemos aseverar que todos los virus y por defecto los microbios, tienen mala prensa en nuestro universo reduccionista. Desde pequeños nos inculcan que estamos rodeados de amenazas invisibles y que sólo la higiene y los productos que “matan” estos micro organismos, nos mantienen a salvo de caer enfermos. Por eso, podría asombrar a muchos lo que la ciencia nos ha ido desvelando: que la Vida sobre la Tierra no sería posible sin microbios.

La importancia de los virus en los ciclos de la vida

Pero vayamos por partes. Empecemos por establecer que nos hallamos inmersos en un caldo de microbios. Se calcula que el número de bacterias en la tierra es de 1 nonillón (1 seguido de 30 ceros) y que hay aproximadamente entre 5 y 25 veces más virus que bacterias. Sólo en 1 litro de agua marina hay unos 10.000 millones de virus. En cuanto a las cepas o tipos de virus se calcula que rondará los 100 millones. Pero, ¿por qué este número astronómico de virus? Estos microscópicos entes, juegan un papel trascendental en los ciclos de la vida. Los virus controlan la densidad de bacterias y algas en los océanos e influyen de forma determinante en la red trófica marina, así como en los ciclos de nutrientes. En el suelo cumplen una función similar e igualmente primordial. Podríamos decir que los virus regulan y ensamblan los complejos engranajes de la vida, asegurando un flujo continuo de materia y energía.

En el caso de nuestra especie los virus también nos son íntimos. Billones de virus coexisten con billones de bacterias en nuestro tracto intestinal, epitelios y mucosas. Los de nuestra piel y mucosas ofrecen una barrera de primera defensa contra microbios nocivos, sin la que no podríamos vivir. Sin embargo, no ha sido hasta muy recientemente que la ciencia ha empezado a vislumbrar la importancia de la microbiota intestinal. Aunque apenas estamos rascando la superficie, hoy sabemos que los virus y demás microbios de nuestro intestino, no sólo contribuyen a una correcta digestión, absorción y síntesis de nutrientes, sino que juegan un papel determinante en nuestras defensas. Aunque suene paradójico, nuestros microbios degradan toxinas, nos defienden de otros microbios nocivos e incluso enseñan a nuestro sistema inmune a trabajar mejor. Y sí, influyen incluso en nuestras capacidades cognitivas y estados de ánimo.

Pero aquí no acaba la cosa. A medida que avanza la ciencia y la tecnología, va cobrando más peso la evidencia de que los virus están detrás de una gran parte de las mutaciones adaptativas que constituyen el motor de la evolución. Poniendo el foco, una vez más, en nuestra especie, y si tenemos en cuenta los elementos móviles de los virus, podemos aseverar que, asombrosamente, la inmensa mayoría de nuestro genoma está compuesto de virus endógenos (ADN o ARN viral integrado en nuestro propio material genético) y sus derivados. Ellos no sólo controlan la expresión de los genes, sino que son determinantes en procesos tan importantes como la producción de enzimas, la formación de la placenta en el embarazo y el desarrollo del embrión.

Los virus y las bacterias como mecanismos de control y equilibrio 

Tras este somero pero revelador y asombroso recorrido, me gustaría terminar con una reflexión. En el complejo entramado del sistema vivo planetario, los virus y otros microorganismos como las bacterias, se constituyen como mecanismos de control y equilibrio. No en vano, cuando una especie prolifera y crece de forma exponencial, o cuando un ecosistema se debilita por la pérdida de biodiversidad, las plagas y epidemias hacen acto de presencia y contrarrestan los desequilibrios, acarreando una tabula rasa de renovadas oportunidades. A día de hoy somos más de 7.700 millones de personas que viven a expensas de la naturaleza. No somos una especie que se integre y adapte a su entorno, sino que pretendemos que éste lo haga a nuestra forma de vida consumista y despilfarradora. Las consecuencias de esta conducta nos han llevado hasta el punto de inaugurar una etapa geológica bautizada como antropoceno. Una etapa en la que una especie auto intitulada sapiens, puso en marcha la sexta extinción masiva en nuestro planeta y un cambio climático cuyos efectos están aún por determinar

La crisis del Covid-19 como oportunidad para mejorar como especie

Toda crisis es una oportunidad encubierta. La ciencia y la experiencia nos muestran que una mirada reduccionista y cortoplacista nos puede llevar a cometer errores. Hoy día contamos con la insólita facultad de conocer y monitorear el sistema vivo planetario. Estamos en disposición de asimilar la sabiduría que la naturaleza alberga y aplicar sus enseñanzas en nuestro modus vivendi. Quizá esta crisis sea parte de un proceso de enmienda, una oportunidad para percibir nuestras limitaciones y para dejar que aflore lo mejor de nuestra naturaleza. Una lección que nos muestra el camino a seguir y la necesidad de aplicar el conocimiento científico a nuestras decisiones de gobernanza. De reflexionar y reconstruir un sistema socio-económico que valore y emplace a la Vida como su centro gravitatorio.

PATROCINADORES

NEWSLETTER

Suscríbete a nuestra Newsletter para estar al día de todas nuestras novedades y eventos.