Medio ambiente y cambio climático

Medio ambiente y cambio climático

¿Qué son los nómadas digitales?

Odile Rodríguez de la Fuente
Bióloga y divulgadora ambiental

@odilerod

21 Apr 2021

Un resquicio de esperanza para un sistema obsoleto

Los que estén familiarizados con mis entradas previas sabrán que, para mí, la salud ambiental del planeta pivota sobre un profundo cambio de paradigma. No se trata de seguir aplicando únicamente primeros auxilios indispensables, esto es, esas medidas enfocadas a recuperar y conservar espacios y especies víctimas de nuestro voraz apetito extractivo. Se trata de CAMBIARNOS. Mudar nuestra forma de estar en el mundo, de percibirnos, de sentirnos y, como consecuencia de ello, de relacionarnos con nosotros mismos y con todo lo que nos rodea.

Por ello, no puedo evitar emocionarme cuando descubro corrientes que apuntan a que algo se está moviendo en la dirección correcta. Desde el esencial ámbito de la educación, pasando por los incuestionables pilares del sistema económico, a los mismísimos prejuicios rígidos del pensamiento que nos han impedido liberarnos de nuestras ataduras. Todos ellos, aunque aparentemente inconexos con la conservación de la naturaleza, son indicadores de nuestra postura existencial y, por tanto, de nuestra forma de relacionarnos con la VIDA, en toda su complejidad y diversidad.

Los nómadas digitales y los beneficios de trabajar a distancia mientras se viaja por el mundo

En los últimos años, de la mano del advenimiento disruptivo de las nuevas tecnologías e Internet, ha surgido una figura que nos hace soñar con que otro tipo de sociedad se está forjando: los nómadas digitales. Según la Wikipedia, un nómada digital es “un profesional que usa las nuevas tecnologías para trabajar y que lleva a cabo un estilo de vida nómada”, es decir, una persona que trabaja a distancia mientras viaja por el mundo. A raíz de la crisis del Covid19, hoy entendemos mejor qué es eso de teletrabajar y hasta qué punto es factible en muchos puestos. No sólo para trabajadores por cuenta ajena, sino para autónomos y emprendedores que han convertido Internet en su nuevo tablero de juego. Reuniones, presentaciones, consumo, ventas, ocio… cada vez es más posible hacer casi todo a través de Internet.

Pero quizá el valor que mejor define a esta nueva clase de persona sea la libertad. El percibir el mundo entero no sólo como potencial cliente, sino como potencial lugar de residencia. Así, encontramos a nómadas que pasan los meses de invierno en destinos donde puedan practicar los deportes de nieve y el verano en los mejores emplazamientos para el surf, o nómadas que buscan naturaleza salvaje o culturas prístinas. Desde aldeas perdidas a megalópolis, todo lo que se necesita es una buena conexión a Internet. Tal es el auge de esta nueva modalidad de vida que cada vez más países están haciendo concesiones especiales de visados de larga estancia para este tipo de nuevos viajeros. También existen redes de apoyo a nómadas digitales e incluso formación online para quien quiera apostar por esta nueva forma de vida. Uno no tiene más que meter el término en Internet y descubrir un universo paralelo de recursos y facilidades crecientes.

Aunque este tipo de nomadismo se afianzó de la mano de Internet, en pocos años está redefiniendo la forma de trabajar y entender la vida para miles de jóvenes (y no tan jóvenes) de todo el mundo. La mayoría no trabajan con horarios fijos, sino por objetivos, lo que les permite organizar su tiempo según sus prioridades “vitales”. Valoran vivir experiencias únicas y conocer a gente de todo el mundo. Suelen tener trabajos creativos y muchos los hacen a la medida de sus inquietudes y visión de futuro. Es decir, tienen una noción de la vida y de trabajo mucho más flexible y creativa de lo que nunca imaginamos que sería posible antes de la world wide web.

¿Cómo ayuda esta nueva corriente profesional al medio ambiente?

En España, el mundo rural está tomando nota del potencial de estos nuevos ciudadanos del mundo. Precisamente la libertad de movimientos y la búsqueda de naturaleza, cultura, autenticidad y tranquilidad son los valores que se esgrimen como ganchos de atracción para estos nómadas. Varias iniciativas, desde Asturias hasta Canarias, ofrecen no sólo alojamientos asequibles para largas estancias, sino también espacios de coworking, donde profesionales de diferentes ámbitos pueden encontrar todo tipo de facilidades compartidas y la oportunidad de cooperar y trabajar intercambiando conocimientos e inquietudes con otros nómadas de diversas procedencias. Muchos de estos pueblos, además, ofrecen talleres, formación y terapias de crecimiento personal, como recursos adicionales y algunos, incluso, la oportunidad de implicarse personal y profesionalmente con las actividades locales, que abarcan desde acciones de conservación de la naturaleza a producción primaria sostenible.

Por primera vez en la historia de la humanidad un joven que piensa en su futuro no tiene que buscar necesariamente un puesto de trabajo en unas oficinas con un horario fijo, en el que esperará permanecer casi toda su vida, para casarse y asentarse en un barrio no muy lejos de su trabajo. Podrá soñar con trabajar en países como Tanzania, donde en su tiempo libre ayude a un veterinario que trabaja con fauna amenazada o Bali, donde entrelace su tiempo de surf y trabajo a distancia con voluntariado humanitario. Podrá emprender una aventura de vida en solitario o en pareja o familia. Podrá diseñar, a medida, el tipo de trabajo que cree que el mundo necesita y aportar su talento y creatividad para hacerlo realidad.

Aunque todavía los nómadas digitales son una marea incipiente, dan fe de un cambio que está empezando a hacer mella en estructuras demasiado sólidas de pensamiento. Aunque tampoco es un estilo de vida apto para todo el mundo, ni aplicable a una buena parte de los trabajos que implican presencia física ineludible, sí que supone un giro, que apunta a que el concepto mismo de trabajo, está cambiando hacia esquemas mucho más liberales y vocacionales, acentuado, además, por la previsible sustitución de la mano de obra, en empleos mecánicos y repetitivos, por Inteligencia Artificial a lo largo de las próximas décadas.

Esta creciente corriente, igualmente, incrementa los intercambios culturales y contribuye a ir difuminando las fronteras políticas, en una aldea global basada en la libertad de movimiento. Hace posible y pone en valor la experiencia de lo auténtico, de recuperar el sentido de lo libre y salvaje, de apreciar la belleza, el equilibrio y bienestar como ejes fundamentales de la vida. Fomenta la flexibilidad en un mundo conectado en red que alimenta el espíritu libre, de personas que se atreven a cuestionar lo establecido y a querer formar parte de la solución y no del problema. Todos ellos son valores que nutren, no sólo a esta nueva tribu global, sino a una sociedad en proceso de reinvención, que anhela ejemplos esperanzadores para ayudarle a creer que otro mundo es posible.

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