Nutrición y hábitos saludables

Nutrición y hábitos saludables

Haz las paces con la prohibición a la hora de comer

Débora Torrente
Dietista-nutricionista, nº de colegiada CAT000989

@1deocho

26 Oct 2020

Consejos para cambiar de hábitos alimenticios y reconciliarte con las "tentaciones"

¿Qué es la prohibición?

Acudamos a la fuente de información por excelencia en definiciones que es el gran Diccionario de la Real Academia Española (RAE). Veamos qué nos dice sobre palabras que por semántica vienen al caso: prohibición y restricción.

  • Prohibir: Vedar o impedir el uso o la ejecución de algo.
  • Restringir: Ceñir, reducir a menores límites, apretar, constreñir, restriñir.

Conocemos ahora el significado, y es que desde la historia que nos contaron del paraíso y sus protagonistas Adán y Eva, la prohibición a lo largo de nuestra historia ha sido objeto de tentación, atractivo y deseo. Como vemos, estas palabras tienen connotaciones poco agradables y si las aplicamos a la alimentación tampoco se transforman en positivo. Hay muchas personas que a corto plazo se someten a ellas para conseguir resultados más o menos rápidos que no pueden sostener en el tiempo. ¿Quieres averiguar por qué? ¡Sigue leyendo!

La prohibición, un mal amigo del diálogo interno

El diálogo interno es una vocecita interior que nos habla constantemente y con la que nos solemos identificar. ¿La tienes? ¿La reconoces? ¡Seguimos entonces!

Estas charlas que mantenemos a menudo con nosotros mismos, son a veces desagradables. Sobre todo cuando nos prohibimos o nos obligamos algo en contra de nuestra voluntad orgánica, generando un mal impacto sobre nosotros, puesto que tienen como diana nuestra propia autoestima. Toma conciencia desde dónde te prohíbes: ¿Qué emoción hay detrás? ¿Amor? ¿Seguridad? Por mi experiencia, suele haber bastante dosis de ira, rabia, miedo, frustración, odio e incluso asco. Es totalmente un acto de desamor contra uno mismo. Y desde ahí, minándote cada vez que el foco está ubicado en resistir la “tentación” y no hacia los hábitos saludables que vas a incorporar y regalarte para cuidarte, te hablas mal, muy mal.

Las consecuencias son que cada vez me siento peor conmigo, lo cual genera más diálogo interno negativo, y esto hace que la percepción de mi autoimagen entre en un bucle de desvalorización, falta de reconocimiento, falta de voluntad, falta de compromiso y confianza. Desde ahí, añadimos tensión y más tensión, lo que cada vez dificulta más seguir prohibiéndome y resistiéndome, sobre todo cuando mi foco tentativo se me revela cada vez que salgo a la calle o miro la televisión a través del fantástico marketing del negocio que es la industria alimentaria. Es decir, cuando resistimos, añadimos más energía al problema que a la solución, empleamos mucha energía en la lucha con la realidad que vivo. ¿Que cuál es? El hecho de que me coma algo que juzgo “malo” pero que me apetece y al mismo tiempo que por el hecho de prohibírmelo, no puedo parar de pensarlo. Y ese desgaste de energía me lleva a rendirme, resignarme, sintiendo que no puedo mantener una relación sana con mi alimentación.

¿Hasta qué punto nuestra forma de pensar afecta a la forma en la que opera físicamente nuestro cerebro?

Para que conozcas un poco más de esto y del impacto e importancia de nuestros pensamientos te explicaré lo que ha puesto en evidencia el doctor Davidson, una de las mayores autoridades en neuroimagen en el mundo. Su hallazgo está relacionado con hasta qué punto nuestra manera de pensar afecta a la forma en la que opera físicamente nuestro cerebro.

Lo que hizo fue proponer a un grupo de voluntarios dentro de cámaras de resonancia funcional magnética (que permiten saber qué partes del cerebro se activan cuando pensamos, sentimos o hablamos) pensar en algo negativo y que dedicaran su atención a aquello que les resultaba desagradable de forma sostenida. En el momento en el que esas conversaciones internas aparecieron, la zona prefrontal derecha (la zona del pensamiento), empezó a activarse de forma clara. A continuación se activó una zona muy próxima que se denomina cíngulo anterior: el sentimiento. Es decir, que lo que esos voluntarios pensaban que les desagradaba inmediatamente se convirtió en algo que ellos sentían que les disgustaba.

Date cuenta de que el simple hecho de pensar en algo negativo hace que experimentemos ese hecho de forma real, se convierte en una experiencia real. Mario Alonso Puig, médico cirujano general y del aparato digestivo y apasionado del desarrollo personal, en su libro “La vida es un asunto urgente” afirma: “Es muy diferente pensar, por ejemplo, que no somos capaces de lograr algo a sentirnos incapaces. Los sentimientos afectan al inconsciente y esta parte de nuestro entendimiento juega un papel crucial a la hora de conseguir nuestros objetivos o simplemente de sentirnos incapaces de alcanzarlos”

Si continuamos con las observaciones que se hallaron en el estudio, vemos que el cíngulo anterior (lo que sentimos) está conectado con los núcleos amigdalinos donde se encuentran los centros de la ira y del miedo. Su activación enciende el hipotálamo, que es como una bomba que segrega una serie de mensajeros químicos, y que además activa el sistema de alarma del cuerpo, denominado sistema nervioso simpático, por lo que empezamos a experimentar una activación en la que participan la adrenalina, noradrenalina y cortisol, hormonas que están presentes en la respuesta de estrés. Empezamos a notar cómo nuestro ritmo cardiaco se acelera, nuestra respiración se agita, notamos tensión, sudoración, la sangre se desplaza hacia los músculos, movilizamos glucosa, con su consecuente descenso… La misma respuesta biológica que cuando presenciábamos a un león, pura supervivencia. Cuando el cortisol se mantiene a unos niveles elevados debido a una reacción de alarma sostenida, empieza a dañar primero las ramificaciones de las neuronas del hipocampo (estructura necesaria para aprender algo, salvo destrezas motoras y para experimentar la alegría de vivir) y a continuación se produce la muerte neuronal. 

Trágico desenlace, ¿verdad? Pues te sorprenderá saber que este suceso lo vivimos muchas veces a lo largo de una mañana, una tarde, un día… Nuestra mente es negativa por razones biológicas de supervivencia, pero hoy en día nuestra supervivencia no es el depredador con largos colmillos que te acecha. El depredador o la amenaza, hoy en día, es todo lo que tú interpretes como tal: tu jefe, tu estatus, tu cuenta bancaria, tus piernas, tu pareja, un mail, una nube gris... Insisto: ¡es una interpretación! Es el sentido que tú le das, la historia que te cuentas y a la que le das toda tu atención y energía.

Consecuencias de una atención constante a una actitud de prohibición

Ahora puedes comprender las consecuencias de una atención constante a una actitud de prohibición. Mi intención es que tomes conciencia de la capacidad que puede tener fijarnos en la abundancia de nuestra vida en lugar de mantenernos absortos en todo aquello que nos disgusta de ella o bien de todo aquello que no podemos comer, como es el caso del que hablamos. El Dr. Mario Alonso Puig, en el mismo libro mencionado anteriormente, afirma: “Muchas veces nuestra atención ha sido secuestrada por un mundo de ideas, imágenes y sensaciones no sólo negativas, sino además profundamente disfuncionales. Cuando rescatamos nuestra atención y la dirigimos para buscar otra posibilidad, la experiencia emocional que se crea nos ayuda a ser mucho más eficientes en nuestro día a día.” 

Claves que pueden ayudar a mejorar nuestra actitud frente a la comida

Sé capaz de aceptar

Para obtener resultados diferentes en nuestras vidas, necesitamos hacer cosas diferentes. No basta con revelarse o no desear algo. La aceptación de la realidad te libera de malgastar tu energía en algo que no puedes cambiar únicamente desde la queja, la resistencia o la resignación. La aceptación te permite dejar de luchar contra tus malos hábitos, tu cuerpo, tu enfermedad y te predispone en una posición en busca de la solución para permitirte avanzar. Frente a una situación, plantéate la siguiente pregunta: De acuerdo con la situación que estoy viviendo, ¿qué quiero hacer para avanzar hacia lo que deseo?

Toma consciencia de tu satisfacción

Observa la satisfacción que obtienes en el momento de llevar a cabo tus hábitos saludables. En numerosas ocasiones no somos conscientes de lo que disfrutamos a través de los nuevos cambios que estamos llevando a cabo, ya que desde la tensión con la que los iniciamos solo notamos sacrificio y esfuerzo. ¿Y si te descubrieras disfrutando de tus nuevas preparaciones? Puedes hacerte con un diario de satisfacción de tus hábitos y comprobarlo por ti mismo.

Cuando te permites comer de todo, no necesitas comer de todo. A veces es así de simple. No necesitamos despedirnos de alimentos o preparaciones con las que disfrutamos por siempre jamás, aplicando la consecuente tensión y la atención constante en ellos. Cuando nos permitimos y validamos aquellos alimentos que nos gustan y quizás no suman calidad o nutrientes interesantes para nuestra salud, dejamos de tenerlos tan presentes. Sabemos que podemos disfrutar de ellos cuando realmente nos apetezca, centrándonos en aquellos que suman en nuestras preparaciones e incluso llamando a la creatividad de incorporarlos de una forma alternativa con ingredientes de calidad. 

Haz una lista de las cosas que te generan placer

Ocurre que la alimentación, al ser de fácil acceso y disponible las 24 horas, se convierte en una de las fuentes predilectas de placer, y en muchos casos la única. Hacer un inventario de 50 cosas que te generan placer y poder practicarlos abren paso frente al desapego de alimentos palatables y nos abren un mundo de posibilidades donde descubrirnos, reencontrarnos y disfrutar de la vida en su plenitud.

Pon el sentimiento de culpa a tu servicio

La culpa surge de distanciarte de aquello que sabes que te hace bien. Nos plantea una segunda oportunidad para revisar aquello de lo que sentimos que nos hemos distanciado, aprender, reconocerlo y actuar en nuestro beneficio la próxima vez. 

La curiosidad y las alternativas

Actitudes para hacer las paces con la prohibición. La curiosidad nos ha llevado a descubrir el mundo, interesarnos por lo que nos rodea y aprender. Habitar la curiosidad nos permite abrir el marco de posibilidades y descubrir hábitos saludables que más allá de un dogma te permitan descubrirte. Descubrir preparaciones nuevas, platos, sabores, texturas... Proponer alternativas que resuenen con nosotros hacen un camino amable y gozoso en el que nos queremos quedar y que no tiene fecha de caducidad como las que plantea la “cultura dieta”.

¿Qué te ha parecido este artículo? ¿Estás de acuerdo? ¡Cuéntanoslo a través de FacebookInstagram!

PATROCINADORES

NEWSLETTER

Suscríbete a nuestra Newsletter para estar al día de todas nuestras novedades y eventos.