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Cómo afrontar emocionalmente una lesión deportiva

Maigua Ojeda
Entrenadora especialista en deporte outdoor. Guía de montaña. Atleta internacional de ultra trail.

@maiguaojeda

17 Nov 2021

Explicación, fases y consejos para la gestión emocional de las lesiones deportivas

Después de las últimas competiciones, en las que recorrí más de 400 km y 16.000 metros de desnivel positivo en poco más de mes y medio, empecé a sentir una molestia sobre la rodilla izquierda. Como sólo quedaba una competición más para cerrar la temporada y era una competición importante, con la supervisión y aprobación de mi fisioterapeuta, decidimos arriesgarnos y forzar. Esto tuvo sus consecuencias y obviamente la molestia se convirtió en una lesión que me obligó a cerrar la temporada con un sabor agridulce. La lesión no fue grave, solo requirió 3 semanas de reposo y trabajo de rehabilitación, pero el hecho de tener que parar, me llevó a sentir la necesidad de tener herramientas emocionales que me ayudasen a gestionar los pensamientos que tuve al respecto de esta situación. Es por eso que regresé a revisar los apuntes de psicología que tomé en la Facultad de Ciencias del Deporte. 

Para resumir, diré que lo que encontré es que soy humana y que todo aquello que se me pasaba por la cabeza era completamente normal. Y voy a contarte lo que reaprendí porque quizás, si estás pasando por una lesión, te merezca la pena conocerlo. Para empezar, a raíz de una lesión la susceptibilidad y el estrés por la pérdida de autonomía y el esfuerzo de adaptación a la nueva situación, conlleva un sobreesfuerzo emocional. “¿Voy a lograr recuperarme y estar como antes?" "¿Cuánto tiempo voy a estar lesionada?" "¿Cuánto va a costarme toda la rehabilitación?" "¿Cuánto tiempo va a seguir doliéndome?” Éstas eran algunas de mis dudas, que obviamente me generaban desmotivación, incertidumbre, inseguridad y frustración. El deseo de volver, la impaciencia por las ganas de progresar y el miedo, no son buenos compañeros de viaje en el camino de la rehabilitación. Sin embargo, cuando estás acostumbrada a estar en el mundo disfrutando de un cuerpo activo, lesionarte implica sentir que estás traicionando a tu “yo” deportivo. Que estás faltando a tu identidad como corredora (en mi caso). Reconocer que la lesión es solo una circunstancia y que sigues siendo la misma gran deportista lesionada que sin estarlo, te va a ayudar a superar estos pensamientos negativos y a concentrarte en lo verdaderamente importante: tu rehabilitación.
  

¿Qué es la gestión emocional de una lesión deportiva?

Algo que nuestra profesora de psicología siempre nos recordaba es que no existen emociones malas, existen solo emociones negativas y positivas en función de lo que nos generan. Todas las emociones tienen una función importante, así que todas las emociones son buenas y necesarias. Tan vital es sentir alegría como tristeza, enfadarse o llorar de felicidad. Negar o anular la presencia de algunas emociones que han surgido a raíz de la lesión puede ser negativo, así que no se trata de controlar las emociones (lo cual es perjudicial y contraproducente) sino de GESTIONARLAS

La gestión de las emociones es la habilidad para lidiar con ellas cuando afloren. Y, para hacerlo, es importante conocer qué herramientas existen a nuestro alcance.

¿Por qué es importante tener un plan de recuperación que incluya la gestión emocional?

Si la rehabilitación no se enfoca de manera correcta, puede arrastrar un gran desgaste emocional y alargar la recuperación física. Tener un plan de rehabilitación que incluya un tratamiento psicológico es garantía de una correcta recuperación.


El proceso: ¿qué consecuencias emocionales conlleva una lesión?

La ciencia ha demostrado reiteradamente que el deporte o la actividad física reportan beneficios psicológicos, porque ponen en pleno funcionamiento nuestro sistema hormonal. Cuando se interrumpe la actividad deportiva, esos beneficios desaparecen, así que es fácil experimentar ciertas emociones negativas. 

La neuropsicología deportiva dice que estas emociones forman parte de un proceso normal. Sin embargo, cabe destacar que cuando aparecen signos de ansiedad, estrés, pensamientos negativos o insomnio crónico, estamos cerca de lo que se llama el umbral de vulnerabilidad psicológica que indica que el deportista (tú en este caso) está llegando a su límite para gestionar la lesión y necesita ayuda profesional. Si es tu caso, no dudes en pedirla lo antes posible.
 

Fases del proceso: el ciclo afectivo

Pero, ¿cómo saber si necesitamos ayuda? O’Connor et al. (2005), detallaron que la recuperación emocional no es lineal, sino que es un ciclo que varía día a día, es decir, que las consecuencias emocionales después de una lesión forman parte de un ciclo al que ellos llamaron el “ciclo afectivo”. Este ciclo está dividido en 3 fases:

  • Fase 1: NEGACIÓN.

El deportista no reconoce el grado de relevancia de su lesión e incluso tiene pensamientos optimistas y poco realistas sobre lo que le sucede. Éste es un mecanismo de adaptación psicológica gradual a la nueva situación.

  • Fase 2: AFECTO NEGATIVO.

Se asume la lesión y sus consecuencias. Esto provoca muchos altibajos emocionales: estrés, ansiedad, frustración, incertidumbre, miedo, preocupación… Todas estas emociones forman parte del proceso.

  • Fase 3: AFRONTAMIENTO.

El deportista hace una evaluación de los recursos que tiene a su alcance para salir de la lesión, empieza a establecerse objetivos realistas de recuperación, coopera con el equipo médico y define el compromiso que va a adquirir con su rehabilitación.

¿Cómo afrontar una lesión? Herramientas emocionales

En el deporte, como en la vida, una persona que tiene herramientas para controlar sus emociones en determinadas situaciones va a tener una clara ventaja sobre otra más impulsiva, pasional y descontrolada. El trabajo de las emociones implica aprender a identificarlas y gestionarlas apropiadamente, o lo que es lo mismo, reconocer cuándo se están sintiendo, ajustar la intensidad de éstas y expresarlas correctamente. Para esto es vital el autoconocimiento, ya que no todos reaccionamos de la misma forma ante una misma situación. 

Como hemos comentado antes, el estrés va a ser uno de los principales factores a controlar durante una lesión. Para ello, existen las siguientes herramientas:

  1. Obtener información realista y contrastada: Obtener toda la información, ayuda y asesoramiento es crucial. Conocer la gravedad, la causa y el tipo de lesión, es decir, tener un diagnóstico correcto, va a ayudar a disminuir la incertidumbre y reducir la ansiedad, porque le va a dar al deportista un enfoque más realista.
     
  2. Actitud positiva: Es vital tener el foco en asumir la realidad y buscar la solución, imprimiendo plazos factibles o realistas. En este punto, también es importante aprender a no depender de la medicación contra el dolor, y saber diferenciar los dolores de la lesión de los de la rehabilitación. Y finalmente, volviendo a nuestra identidad de corredor/a dañado/a, quiero recordarte que una vez lesionado, tu deporte es ahora tu rehabilitación, y ahora necesitas rendir al máximo en tu recuperación. Enfócate en eso.
     
  3. Establecer objetivos: Tener metas favorece el compromiso y te involucra en tu proceso de rehabilitación. Tus objetivos deben ser medibles, realistas, específicos, motivantes y deben estar temporalizados a medio, corto y largo plazo. Si lo necesitas, ajusta de nuevo tus objetivos. Ajustarlos no significa estar fallando en tu plan de rehabilitación, sino adaptarse y progresar. Recuerda que esa adaptación te mantiene en el camino a la consecución de tu objetivo: recuperarte

En resumen, tener una planificación correcta de tu rehabilitación e involucrarte como el activo más importante en el proceso va a acelerar el proceso de recuperación y va a garantizar el éxito. Así que mucho ánimo si estas pasando por esto y… usa tu rehabilitación como la mejor oportunidad para regresar física y mentalmente más fuerte. Cambiar tu enfoque va a permitirte seguir explorando tus propios límites físicos y mentales. ¡Ánimo!

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