Nutrición y hábitos saludables

Nutrición y hábitos saludables

Los buenos, los malos y la "cultura dieta" en la alimentación

Débora Torrente
Dietista-nutricionista, nº de colegiada CAT000989

@1deocho

11 Mar 2021

Escucha activamente a tu cuerpo y te alimentarás de una forma más intuitiva y honesta

Muchas veces exploramos nuestro mundo cotidiano, sin darnos cuenta de los condicionamientos que inundan nuestras elecciones. Juzgamos las cosas como “buenas” o “malas”, y ahí se origina la duda, el gran obstáculo de la certeza. Se genera el mundo dual, la dualidad. 

La dualidad nace de dos fuerzas que se oponen: "si esto está bien, quiere decir que esto otro está mal”. Si vamos al meollo de cómo puede este fenómeno confundirnos, podemos darnos cuenta de que si podemos vivir en un mundo donde pueden pasar cosas buenas o cosas malas, siempre tendremos la duda de que lo que hacemos puede provocar que nos pase algo malo. Esto puede sonar absurdo, pero tiene un transfondo profundo que invita mucho a cuestionarnos: "¿qué son las dudas?" ¡Siempre (me) puede pasar algo que puedo etiquetar como malo!

¿Cómo afecta la dualidad a la alimentación?

Los absolutismos están invadidos de partes ocultas que necesitan ser vistas en este mundo de baile de percepciones. En el mundo alimentario, está claro que algunos alimentos contribuyen a tu salud y que otros la afectan en detrimento. Cuando muchas veces hablo de poner en duda el concepto “bueno” o “malo” en alimentación, lo que quiero decir es que ningún alimento es bueno o malo en sentido moral. De hecho, la mayoría de las “cosas” con las que nos relacionamos, son cual lienzo en blanco que se pinta según nuestra visión. ¿Es buena o mala una pelota? Depende de cómo la utilicen, puede usarse para disfrutar de juego y diversión o puede convertirse en un medio de destrucción si se usa contra una ventana de una casa para mala suerte del dueño de la vivienda. De ahí que los alimentos sean neutrales desde el punto de vista moral. 

¿Es un alimento determinado bueno o malo?

Depende de cómo lo uses. Es realmente sencillo y crucial comprender esto, si queremos tener alguna probabilidad de llevar una relación armoniosa con la comida y con nuestro cuerpo. En el corto recorrido de la ciencia aplicada a la alimentación y la nutrición, han surgido corrientes de todo tipo. Sin ir más lejos en los años 80, las grasas eran casi un veneno que teníamos que rechazar, excluir y penalizar, dando la entrada de un sinfín de “productos alimentarios” light. Ahora la visión de ellas es inclusiva, merecen un espacio en nuestros platos, con aspectos positivos y de salud para el diseño humano.

A estos cambios en la actualización de la información que recibimos, debemos sumarle una buena ración de “creencias tóxicas”, que siguiendo el ejemplo de las grasas podríamos encontrarnos con: “las grasas engordan”, “cuanto menos aceite para cocinar mejor, todo a la plancha y vapor”, “si no es bajo en grasa no adelgazaré”, “las grasas suben mi colesterol” y un largo etcétera.  

Estas creencias, bañadas de “lo bueno” y “lo malo” y la desinformación constante, condicionan nuestras elecciones diariamente y nos dirigen hacia qué debemos comer o qué no, para portarme “bien” o no, en lugar de escuchar qué necesita mi cuerpo.

El gran error del ámbito de la nutrición: la "cultura dieta"

Para echarle más leña a todo esto, vamos a introducir otro concepto: la "cultura dieta”. Una visión muy alejada de la salud física, mental y emocional que nos inunda diariamente y que hemos normalizado en nuestra sociedad.

¿En qué se basa la "cultura dieta"?

Para ello voy a traer aquí a Christy Harrison, una dietista registrada, formada en alimentación intuitiva y en cuyo trabajo recoge y define a la perfección este concepto. 

Según Harrison, la cultura dieta es un sistema de pensamiento que:

  • Adora la delgadez y la equipara con la salud y la virtud moral, lo que significa que puedes pasar toda tu vida pensando que estás irreparablemente roto/a, solo porque no te ves como el “ideal” imposiblemente delgado.
     
  • Promueve la pérdida de peso como un medio para alcanzar un estado superior, lo que significa que te sientes obligado/a a gastar una gran cantidad de tiempo, energía y dinero tratando de encoger tu cuerpo, a pesar de que la investigación es muy clara de que casi nadie puede mantener la pérdida de peso intencional por más de unos pocos años.
     
  • Demoniza ciertas formas de comer mientras eleva otras, lo que significa que te ves obligado/a a estar muy atento/a a tu alimentación, avergonzado/a de elegir ciertas comidas y distraído/a de tu placer, tu propósito y tu poder.
     
  • Oprime a las personas que no coinciden con la supuesta imagen de “salud”, que perjudica desproporcionadamente a las mujeres, las femmes, las personas trans, las personas de cuerpos más grandes, las personas de color y las personas con discapacidad, dañando tanto su salud mental como física.

En más de 10 años que llevo acompañando a personas durante el cambio de sus hábitos de alimentación, he podido observar como esta forma de pensamiento, de creencias, están presentes, y no solo eso, sino que son un motor para su cambio. ¿Para un cambio de salud? ¿qué representa la salud desde este lugar?

Observa como esto no es ajeno a ti, y como en muchas ocasiones, como yo, has escuchado frases del estilo:

  • “Me encantaría poder comer todo lo que quisiera sin engordar”.
  • “Esta semana me he portado bien, he comido súper sano”.
  • “Mañana compenso, que como siga así me pondré como un tonel”.
  • “No se como se atreve a llevar esa ropa con el cuerpo que tiene”.
  • “Si tuviera tu cuerpo se acabarían muchos de mis problemas”.

A lo mejor las hayas escuchado, a lo mejor las has dicho tú, a lo mejor no las escuchaste o pensaste nunca. No obstante, estas frases están más presentes de lo que creemos, colocando el foco en la apariencia, en el cuerpo, en nuestras “taras”, en algo que no “está bien” y que hay que reparar o en lo que hay que huir. Habitamos un cuerpo que lejos está de vivir con necesidades fijas y estables. Los cálculos calóricos, las cantidades, mediciones, pautas y pesos, nos ordenan, nos guían, nos dan cierta estructura, nos dan contexto, información pragmática y útil. Aunque como siempre, no lo es todo. 

¿Cómo podemos contrarrestar la "cultura dieta"?

Estamos expuestos en un entorno cambiante, nuestra biología es difícil de matematizar. La propia ciclicidad estacional cambia nuestro apetito, reduciendo el hambre en verano en su mayoría por causas ambientales y de temperatura. La calidad de nuestro descanso, nuestro movimiento, la naturaleza de nuestros alimentos, nuestras hormonas (el ciclo femenino aumenta el apetito en etapa menstrual), la hidratación, nuestra capacidad de absorción, la mediación, la etapa vital en la que nos encontremos, entre otros muchos parámetros, afectan a nuestras necesidades, nuestro apetito y nuestro cuerpo.

Incluir una escucha activa, una manera de alimentarnos más intuitiva, nos mantiene presentes, honestos y en sincronía con nuestras elecciones y necesidades, de las cuales somos los principales protagonistas y conocedores. Sin descartar herramientas que nos ordenan, encontramos nuestro propio orden. 

Por otro lado, podemos cuestionar el sentido y significado que le damos a nuestro cuerpo, salud, peso, forma, para poder acercarnos a él de una manera amorosa, compasiva, de aceptación y de cuidado. Date cuenta del recorrido que tiene el “sentido” del peso: cuando estamos en el vientre de mamá, el aumento de peso es sinónimo de salud, así también cuando crecemos y nos desarrollamos. Incluso nuestro apetito es celebrado, mientras que cuando no existe es una fuente de preocupación. Sin historias previas formadas de niños sobre alimentación, sobre nuestro cuerpo o peso, avanzamos en nuestras elecciones.

Nuestra forma única corporal se desarrolla en base a nuestra genética, nuestros hábitos de sueño, de alimentación, de ejercicio, nuestra salud mental, nuestra química hormonal, nuestro entorno… Es una semilla que se desarrolla y bebe de infinitos condicionantes, expresándose en forma. El peso, el número, no es sinónimo de salud, ni de enfermedad, no tiene esa exclusiva, pero en muchas ocasiones se convierte en el único dato con el que medir y tener la información sobre “cómo estamos”. No es EL dato, es UN dato más. Nuestra salud llena de complejidades, no debería resumirse en un número. La belleza es tan subjetiva y diversa como seres humanos existen. ¿Cómo podría sujetarse a un simple número para concretarse? Dejemos de lado el “pesocentrismo” y valoremos nuestra salud y estima en su extensa globalidad. Nuestro cuerpo habla de nosotros, escuchemos atentos.

Para ello te propongo un ejercicio:

Esta rueda representan tu mente, tu cuerpo, tus emociones y tu ámbito social. Medita sobre cada una de ellas:

  • Mente: ¿Qué pensamientos sueles tener? ¿Cómo te condicionan? ¿Te potencian o te limitan?
  • Cuerpo: ¿Qué nivel de escucha crees que tienes con tu cuerpo?¿Cuánto tiempo y conciencia le dedicas? La manera en que le dedicas espacio, ¿te potencia o te limita?
  • Emoción: ¿Qué emociones vives o identificas con frecuencia a lo largo del día? ¿Qué sientes ahora? ¿Te capacitan o te perjudican? 
  • Social: ¿Con quién te relacionas? ¿Tu entorno te apoya y te potencia? ¿Te limita o rechaza?

Dibuja un punto en cada sección de tu rueda. Cuanto más alejado esté del punto del centro de la rueda, más importancia tiene esa sección en tu vida. Cuanto más cerca del centro de la rueda pones en tu punto, menos atención le estás prestando. 

Espero que el contenido de este post te haya servido. Para acabar, quiero recordar una cita de Luis Bueno que viene como anillo al dedo para cerrar el artículo: "La vida nunca se consume. La vida se saborea y deleita. Se adereza y mima. Se macera lentamente. Y tú, solo tú, eres quien puede elegir cuando apaga el fuego o cuando aviva la llama.".

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